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Amabilis Insania

"Yo trato el arte como la realidad suprema y a la vida como una rama de la ficción"
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8月14日

Autobombo!

 

ANTES DEL GRITO ya está disponible al público en formato digital e impreso en elaleph.com 

 

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Link: http://www.elaleph.com/libros.cfm?item=125173

 

Sinopsis

 

  A mitad de camino entre el relato y el diario personal, Fernando J. Montiel, un escritor sevillano, plasma sus vivencias durante su tiempo lejos de su tierra natal recientemente dividida por la Guerra Civil. Es septiembre de 1936 y Fernando se encuentra en Perpiñán, una ciudad del sudoeste francés. Allí las cartas de una tarotista le auguran momentos más turbios que los que ya azotan a su país, pero no es sino hasta su arribo a París, donde conoce a la bella retratista Scarlett Bourne y a su supuesto rival Gianluca DeRossio, que sus fantasmas interiores despertarán y comenzará a batallar su guerra personal.
  En París las emociones y los deseos tropiezan, mientras que en Perpiñán el deber y los ideales estrechan sus manos.
  El irónico, mordaz, terco, cobarde y malhablado andaluz  regala aquí una porción de su vida. Antes del grito es una  narrativa, intensa, sufrida y amarga crónica andaluza, reflejo de las microtragedias humanas, en la que se galopa por el sentimentalismo más empalagoso hasta la más pura morbosidad, pasando del más crudo realismo al expresionismo más simbólico. Pero sólo es el comienzo. Esta “metaobra”, junto con su regente Retrato desconocido, es la primera entrega de una saga que aspira a superar la trilogía acerca del conflictivo triángulo amoroso cargado de pasiones, temores y mentiras.
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6月6日

Con humor, absurdidad y genialidad

"Estoy apunada de tanto estar en la cima." (Florencia de la V)

“En el palacio de Versace me maquillaban en un sillón de Napoleón.” (Valeria Mazza)

"Dios es mi personaje de ficción favorito." (Homero Simpson)

“Los honestos son inadaptados sociales.” (Les Luthiers)

"El fumar mata y si te mueres, has perdido una parte muy importante de tu vida." (Brooke Shields)

"No he cometido ningún delito. Lo que hice fue no cumplir con la ley." (Jennifer Lopez)

“Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente.” (Oscar Wilde)

“Siempre que veo la tele y veo esos pobres niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Quiero decir, me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas, y muerte, y esas cosas." (Mariah Carey)

 “La cultura tiene un inconveniente: hace pensar a la gente.” (Joan Manuel Serrat)

 “No creo en una vida más allá, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior.” (Woody Allen)

 “Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.” (Orson Welles)

 “Es más posible que un elefante maneje un cero km. a que un camello habite un departamento de un ambiente.” (Mártir Peperino Pómoro)

"El telégrafo es la internet primitiva." (Dr. Oscar Traversa - Cátedra de Teoría y Medios de la Comunicación, UBA, FFyL)

“Hacer una canción conjunta es una cosa muy íntima, es como verse en calzoncillos.” (Enrique Bunbury)

“Una mujer en bicicleta y con sombrero es la más flagrante violación a la aerodinámica.” (Dr. Vaporeso)

 
1月25日

Fragmentos de ANTES DEL GRITO

 

¡ADVERTENCIA! La prosa "montiélica" puede afectar la sensibilidad de algunas personas. Se recomienda discreción por parte de los lectores. La locura, el caos, la muerte, la bebida y el opio; la soledad, el amor como algo imposible, la incertidumbre ante la vida, el nihilismo y el sexo en todas sus formas (parafilias, incesto, bisexualidad...) son sus tintes más resplandecientes. Entrar en su mundo puede ser un viaje alucinante o una completa pérdida de tiempo. Su profanación a los convencionalismos, su pesimismo declarado, sus vocablos andaluces y su adición al tabaco lo hacen a él y a su obra algo inconfundible; un audaz atropello y ruptura de dogmas que nos quita las vendas de los ojos y nos arroja a la cara sin miramientos el espejo de la sociedad y la vida.

 

ANTES DEL GRITO

 

 Prólogo  
 
¿Por qué me gusta leer a Montiel?
 
 Esta pregunta fue el motor para comenzar a escribir estas líneas y lamento decirles que la respuesta todavía no la tengo. Algunos se dirán: “¿Cómo te puede gustar leer a este tipo que lo único que hace es blasfemar, insultar, denigrar la vida y relatar obscenidades?” “Qué pena”, diría yo, “¿Qué se siente no poder llegar, no poder captar la esencia de un alma? ¿Qué se siente no poder ver más allá de una blasfemia o de un acto sexual? Simplemente, no saben leer entre líneas, muchachos. Y ustedes dicen que Fernando denigra la vida; la vida es justamente alegoría, como el arte. No hay que leer la vida literalmente, sino más allá de lo que está ocurriendo. ¡Ustedes son los que no saben apreciar la vida!”
Porque claro, a Fernando hay que saberlo leer, no es para cualquiera. Y no me estoy refiriendo a la experiencia literaria que uno puede llegar a tener, sino a la sensibilidad para poder entender aquello que se expresa cuando se está diciendo otra cosa. Pero cuidado, Fernando no es puramente simbolismo, sus palabras por momentos cargan con una crudeza propia de un ser que convive en permanente conflicto. Es lógico, su amada patria se encuentra atravesando una de las peores crisis de su historia. Además, no puede quedarse a defender a España, debe exiliarse. No olvidemos que es artista y el ser artista y el pretender vivir del arte, siempre trae complicaciones y dolores de cabeza. Aunque Fernando sea un gran escritor, expresar lo que uno piensa no era nada fácil por aquellos años. Pero esto no es todo. Como si fuera poco, lleva en sus venas sangre andaluza, un duende pasional y visceral que lo recorre de pies a cabeza.  Qué cocktail, ¿no es así?
Segunda advertencia: Fernando no termina acá. Según ciertos hechos fortuitos que tuvo que sortear en París, y que él nos cuenta en estos escritos, pudimos descubrir a un Fernando sensible, con anhelos de felicidad y despreocupación, con sus múltiples contradicciones, su miedo a amar, su odio a la ostentación, su deseo de ser y no ser, etc.
Como pueden ver, las facetas de Fernando son casi infinitas y su lucha por ocultar algunas y dejar ver otras es constante, y eso es lo interesante. Creo que es por eso que me gusta tanto, por estas ambivalencias. ¡Respuesta encontrada!
Con respecto a su fatalismo y su visión pesimista, no tengo mucho para decir. Prefiero recordarlo con esta frase: “Siempre he creído que el final de una historia es el principio de otra”. Y a ti, Fernando, te pido que aunque la máquina de escribir no te aplauda cuando termines uno de tus capítulos, nunca dejes de hacerlo. Aunque las guerras invadan al mundo, aunque exista gente que se crea dueña de tu vida y no te deje pisar el suelo de tu cuna, aunque aún hayan cerdos nadando en dinero, aunque el amor se siga disfrazando de una brisa suave y reconfortante para ser luego un huracán que arrasa con tu vida, dejándote tumbado en medio de la calle, despeinado y desnudo y siendo demasiado tarde para entender, nunca dejes de escribir, nunca abandones tu pluma roja, ¡NUNCA!
 
 
Erica Martínez Noya
Buenos Aires, enero de 2007
 
 
Antes del grito
 
Esto no es un diario. ¿Qué es? No lo sé. Estas palabras soy yo, yo existo gracias a ellas; vuelco toda mi existencia aquí.
Algunos ya me conocéis, pero para aquellos que no habéis tenido el gusto –o el disgusto-, me quito el sombrero ante vosotros y os presento a este español alto y desgarbado, de camisa desalineada, tirantes gastados y un pitillo en la mano. Este soy yo. Se supone que soy escritor, eso me recomendó el doctor, el de arriba o el de abajo, lo mismo me da, pues lo mío más que una bendición parece maldición y si alguien me obsequió este don, sé que no tiene devolución. Soy muy bueno para rimar, por si no lo habéis notado, un poeta desordenado que siempre lleva una pluma y escribe su prosa con sentido codificado. No busquéis en mí retóricas perfumadas ni delirios color de rosa, la vida no da lisonja. Si eres uno de los míos, un pobre inútil sin camino que lleva el llanto y el jaleo en un bolsillo del alma, te acostumbrarás a mis palabras, pues no hay lluvia más amarga que la que salpica el corazón.
Mi acento es andaluz, tal como mi sangre, y si por error mezclo palabras es porque mi lengua ha saboreado regiones y países lo suficientemente deliciosos como para no querer olvidarles. Tengo amigos asturianos, madrileños y aragoneses; de norte a sur España me pertenece, pues mi nombre más que admirado es repudiado, pero más aún entre los italianos, franceses y hasta americanos. He llegado a casi todo el mundo en tren o en palabras, en cuerpo o en cartas, pero he dejado mi huella.
Y haciendo a un lado toda esa mamonada os hablaré de mí. Pero si no os interesáis en las idas y venidas de este errante sevillano, cerrad el libro y buscad otra cosa en qué ocupar vuestros tiempos, pues nada tiene de productivo leer la vida de un pobre diablo que no tiene nada más importante para hacer que narrar una porción de su historia. Este libro puede ser un diario personal, una novela de ficción y una autobiografía fragmentada, todo en uno o tal vez ninguno de los tres. Relatos reales e irreales, pensamientos obsesivos, reflexiones invariables y poesía sin sentido; un viaje al centro de mi ser en noches de flaqueza y un recorrido por mi carne en lapsos de egotismo. Nunca subestiméis el poder de un hombre aislado. Estáis advertidos. Y si os apetece excavar en la intimidad ajena... ¡Pues venga! Relajaos y disfrutad de mi pálida presencia en el papel, pero os indico que mi prosa no es cuidada, sólo es poca cosa. Y enhorabuena por aquellos que interpreten lo que yo jamás he querido decir, pues a veces mi escritura es tan automática que el sentido queda reducido a lo que os plazca. Eso más que libertad es pereza, y el ocio es una virtud, sabedlo.
 
§
 
Han pasado casi tres semanas desde la última vez que escribí algo medianamente interesante. Pasan los días y yo aún sigo esperando a que llegue la vida, la cual debe estar atrapada en un embotellamiento, pero... ¿desde las últimas tres décadas?
Siempre he creído que el final de una historia es el principio de otra. La vida es dinamismo. Cuando uno cree que algo termina, en realidad otra cosa acaba de comenzar. Todo empieza con un final. Es inevitable. Cuentos de hadas, príncipes valerosos y princesas dormidas. El “Había una vez...” no es más que un punto arbitrario, pues para que alguna vez haya habido algo, otra cosa anterior debió haber estado allí. Es el ciclo vital y la eterna consecuencia. Así como el final de un invierno anuncia la llegada de una primavera, el final de una historia es el principio de otra.
“Y vivieron felices para siempre”. Pues sí, ¿cómo no? Vivieron felices hasta que la princesa un día se miró al espejo y notó que sus rizos dorados y sus ojos de cielo ya no brillaban tanto, y que su figura comenzaba a sufrir las consecuencias de la gravedad luego de dar a luz a cuatro o cinco hijos. Mientras que su príncipe azul, también ya convertido en rey, tenía el doble de su peso y la mitad de su cabello. Y una tarde descubrió que el muy cabrón tenía un rollo con su mejor amiga, por lo cual quiso partirle el cráneo con su cetro, pero una de sus hijas apareció con un embarazo no deseado y tuvieron que repetir ante el reino toda la parodia fantástica otra vez, decir que un dragón la había secuestrado y ofrecer su mano en matrimonio a quien la rescatara, de esa forma el hijo bastardo tendría un padre. Todo esto, claro, luego de tapar el escándalo de la promiscua vida personal de su hijo mayor, el príncipe y futuro rey, a quien pillaron en medio de un ménage à trois con una criada y el consejero del reino. Y no me olvido de la malvada madrastra, que en realidad no era más un hombre travestido con un grave problema de narcisismo y delirios de grandeza.
¿Lo veis? ¡Nada es para siempre! ¡Nada es lo que parece! Y yo aquí escribiendo estupideces. Jorge dice que debería aprovechar mi malestar para crear. La guerra me tiene inmovilizado, todo me resulta vacío, frívolo... el onanismo de la mente, eso es. ¿Cómo podría escribir mientras España está en guerra? Los jodidos fascistas han tomado medio país y los republicanos defenderán la capital a muerte. ¡Y yo paseando por París! Es cuando más debería escribir, según Jorge. “¡Venga! Tú puedes, Nando. Escribe sobre lo que más odias, descarga tu frustración.” Pero aún sigo pensando qué cojones hacer con mi vida.
¿Qué es lo que impulsa a los tíos como yo hasta París? Las luces, los amigos, las mujeres, la vida nocturna... París es sólo el escenario del segundo acto en esta obra que es la vida, un escenario artificial que le permite al espectador contemplar el nacimiento de aquellos conflictos que se han ido gestando y al fin damos a luz en forma de libro, pintura, escultura o cualquier otra cosa que el hombre llame “arte”. París es una excelente partera.
 
§
 
Locura, caos, odio, sexo y sangre; la imposibilidad del amor y la incertidumbre hacia la muerte; éstos son los colores de la poesía, mi poesía. Un poco de café, un poco de tabaco y la vida está solucionada. Todo está bien, los dedos se deslizan solos, bailan, danzan, marchan, cantan. Inquietos, corretean entre las teclas de mi maquina de escribir; la tinta gastada se escurre, bosteza, está agotada.
Vida, viuda. Una simple letra nos lleva de un extremo al otro. “U”. ¿Qué tiene de especial la letra “u” para cambiar tan rotundamente un significado?
Soy una criatura nocturna que divaga por las penumbras del infinito, una criatura que se viste de soledad y que se deja encantar por el canto de la luna. Le escapo a la luz, le escapo a la realidad, le escapo a la verdad verdadera. Libertad encarcelada, desde las mazmorras de la duda en las catacumbas del miedo, un ser ruega por su vida y sacude sus grilletes pidiendo redención. Pero yo, su carcelero personal, lo miro pálido e inmutable, y si se vuelve intolerable debo darle de hostias hasta callarlo, hasta desfigurar su rostro y salpicarme con su sangre. Debo mantenerlo inconsciente, pues su despertar augura chillidos de una libertad que no puedo permitirme darle. “¿Por qué me mantienes cautivo?”, me ha preguntado más de una vez. “Porque tú sólo cometes cabronadas y luego yo debo responder”, contesto yo y otra hostia. Y lo peor es que debo mantenerlo allí, pues cortar su garganta o matarle de un garrotazo en el cráneo me es imposible. Él debe vivir, aprisionado, pero debe vivir si pretendo mantener al menos un poco de humanidad en mí.
¿Soy lo que soy? No. ¿Soy lo que quiero ser? Tampoco. ¿Quién soy? No lo sé. ¿Lo sabré? ¿Quién sabe?
 
§
 
Los andaluces somos seres demasiado pasionales, intensos y viscerales. Nuestra sangre corre como un frenético mar cuyas olas golpean en las venas. Impulsivos y desorientados, nos arrojamos al mundo dispuestos a llevarnos la vida por delante y dejamos que el corazón sea nuestro único faro. Hoy, esa luz indica al sur, mi sur; al sur del sur: mi Sevilla.   
Enciendo la radio tratando de esconder este puto sentimiento cuyo nombre soy demasiado orgulloso para decir; el que me causa alejarme de la mujer que allí yace, diciéndome al espejo que esto no es más que otra despedida de esas, otro “Adiós, muchas gracias por colaborar y que te vaya bonito”. Pero algo puja de mi cuerpo y me retiene aquí, escribiendo estas palabras que no quería escribir. Mi sangre escribe, mi duende escribe. Ha venido a mí porque ha percibido el perfume del dolor. Sólo lo intenso atrae al duende, el abismo, el límite, la pequeña muerte. Yo estoy muriendo en estas palabras, yo estoy dejando aquí lo que deseo dejar en París. Lo hago para renacer y seguir adelante.
 
§
 
Entre todos los momentos que existen en mí, despiertan unos en los que me espanto de mí mismo; pequeñas porciones de tiempo en las que me quito mi traje de humanidad, me despojo de todo vestigio de pudor y dejo a secas mi carne animal, mi instinto salvaje y real. Son momentos en los que soy libre, o no tanto, pues me veo esclavizado por mi propio deseo, uno que me quema y me ahoga con tanta intensidad que debo sucumbir a éste hasta extinguirlo.
Carne; acallo mi cuerpo con mi propio cuerpo. Yo y mi deseo luchando hasta que uno de los dos se rinda. Es el deseo de un cuerpo, sólo un cuerpo, sin rostro, sin nombre... sólo un cuerpo. Un egoísta deseo. Nada más importa que acallarlo.
Sobre las sábanas hay una huella fresca de gozo. Una mosca se posa sobre ella, atraída quizás por el perfume a vida secándose, y yo observo cómo se alimenta de ésta. Parece gustarle, pues la espanto y regresa. Es tan repugnante y curioso a la vez, tan simbólico. La podredumbre de mi interior sólo atrae a las moscas.
 
§
 
Soy propenso al perdón, lo sé, pero también sé que éste no sirve de nada. Lo único que ha logrado el perdón en mi vida es alimentar el rencor o la insensibilidad. Cuando algo está manchado, ya nada se puede hacer, no hay jabón que limpie el pasado o que quite aquella mancha que mantendrá siempre fresco el recuerdo de una herida. Seguid mi consejo, amigos míos: si habéis pisado mierda, incluso por un traspié, olvidaos de aquel zapato impregnado, pues el hedor del error os seguirá a cada paso. ¡Si la manzana está podrida, arrojadla a los cerdos!
Yo no puedo amar a nadie, ni mucho menos creer el hecho de que otros me amen a mí, no tengo cualidades para eso. Yo veo el amor sólo en las lágrimas, y las lágrimas son amargas, por lo tanto, el amor en mi vida siempre será agridulce.
Esto es un grito de auxilio, este es un mensaje en una botella que echaré al turbio mar de mi conciencia esperando a que algún pensamiento positivo, varado en alguna costa de mi mente, lo coja y venga a mi rescate.
El amor engaña, sabedlo. Por eso nunca he confiado en él. El amor ciega, no te permite ver las cosas tal cual son. Es como una venda que llevas sobre los ojos o una cortina de humo que te sigue a donde sea que vayas. El amor distrae, confunde, enmascara. El amor engaña y no pide perdón; miente sin excusas, esclaviza sin cadenas, lastima sin advertencia. El amor es una espada que pende sobre tu cabeza amenazando tu integridad. Bajo el caótico disfraz de la fantasía, te envuelve en su desdicha, te guía hacia la locura, la sospecha y el odio. El amor es una puta mierda. Y lo peor es que sabemos que todo es una mentira y seguimos adelante.
 Gran amor tuve uno solo. Fue aquel amor con el cual creí que compartiría el resto de mis días. ¿Y qué sucedió? Pues la vida, eso sucedió. La bofetada de la realidad que te hace despertar del bonito sueño. Pero no de la noche a la mañana, no. La realidad no cae como un aguacero o como un jarro de agua fría desde la ventana del adiós; viene en gotas, como el veneno, para ir matando poco a poco tu ilusión, para hacerte testigo de una muerte en porciones y que de esa manera puedas día a día contemplar con ojos de piedra el cadáver de lo que una vez fue. ¿Y la memoria? La memoria es un campo minado el cual debe ser recorrido despacio y con cautela o podrías estallar junto a algún recuerdo enterrado.
El amor es una puta mierda.
 
§
 
Intentar las cosas una y otra vez parece hablar bien de nosotros, porque a pesar de todo, no nos rendimos ni dejamos de luchar; el problema es no saber dónde está la línea que divide la fuerza de la terquedad.
Miles de veces he oído eso de que lo que no me mata, me da una patada en el culo hacia adelante, pero esta patada ha sido tan fuerte que me estrellé contra una pared, una dura y fría pared llamada “realidad”.
Ese es el gran problema de nosotros, los artistas: vivimos en dos realidades a la vez y nunca hay un punto medio. Cuando uno está demasiado sumergido en la fantasía, de repente algo lo conduce a la superficie y se encuentra a sí mismo desnudo y empapado, vulnerable y necesitado, como un recién nacido, frente a un mundo reseco donde el peligro más pequeño es ser pisado por el propio gigante interno llamado “temor”. Una vez extraído de aquel universo acuoso, uno no puede sobrevivir sin un vínculo con otro ser viviente que le ayude a subsistir, y ante la imposibilidad de hallar a ese ser, uno lucha por regresar a las profundidades de donde emergió y volver a nadar libremente en el océano de la ensoñación. Este es el arte, refugio de los condenados a transitar por el mundo en una continua búsqueda de portales a la fantasía.
 
 
© 2007, Anabella Squiripa
 

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